pensamiento iberoamericano

Revista de la Secretaría General Iberoamericana


Sostenibilidad de la agricultura en Iberoamérica: una propuesta para transformar el agro desde la innovación, la resiliencia y la equidad

Karen González

Presidenta de GAIA Veraguas y ANPPAC Panamá

La sostenibilidad de la agricultura en Iberoamérica requiere dejar de ser un discurso aspiracional para convertirse en una agenda concreta de transformación. La región enfrenta una convergencia de desafíos: degradación de suelos, variabilidad climática creciente, presión sobre los recursos hídricos y desigualdades estructurales en el campo. Frente a este escenario, el futuro del agro no puede limitarse a mejorar prácticas existentes; exige rediseñar el sistema productivo incorporando tecnología, equidad de género y sostenibilidad como pilares inseparables.

Esta propuesta parte de una premisa clara: la sostenibilidad no es un costo, sino una estrategia de competitividad. Los sistemas agrícolas que logren conservar su base productiva —suelo, agua y biodiversidad— serán los únicos capaces de sostener rendimientos en el mediano y largo plazo. Por ello, se plantea una transición progresiva hacia modelos de agricultura regenerativa, donde la gestión del suelo y la eficiencia en el uso de insumos se conviertan en ejes centrales.

En este contexto, la tecnología debe asumirse como una herramienta estratégica para acelerar la transformación del agro. La incorporación de agricultura de precisión, sensores remotos, drones y sistemas de análisis de datos permite optimizar decisiones agronómicas, reducir desperdicios y mejorar la eficiencia en el uso de fertilizantes y agua. Sin embargo, el verdadero valor de la tecnología no radica únicamente en su capacidad de aumentar la productividad, sino en su potencial para reducir la incertidumbre en entornos cada vez más variables.

La propuesta es clara: promover una digitalización inclusiva del sector agrícola. La brecha digital en zonas rurales sigue siendo una limitante estructural, y existe el riesgo de que la tecnología profundice desigualdades si no se acompaña de políticas inclusivas. Esto implica no solo facilitar el acceso a herramientas tecnológicas, sino también garantizar la capacitación de los productores para su uso efectivo. La transferencia de conocimiento debe ser continua, práctica y adaptada a las realidades locales. Sin este componente, la tecnología corre el riesgo de convertirse en un factor de exclusión en lugar de un motor de desarrollo.  El acceso desigual a conectividad, financiamiento y capacitación puede dejar fuera a pequeños productores, quienes constituyen una parte fundamental del tejido agrícola iberoamericano.

En paralelo, es indispensable abordar de manera directa las brechas de género en el sector agrícola. Las mujeres rurales son actores fundamentales en la producción de alimentos y la gestión de los recursos naturales, pero siguen enfrentando limitaciones significativas en el acceso a tierra, financiamiento, asistencia técnica y tecnología.

Esta situación no solo es injusta, sino ineficiente desde el punto de vista productivo. Por ello, esta propuesta plantea integrar el enfoque de género como un eje transversal en las políticas agrícolas y los programas de innovación. Esto implica diseñar mecanismos específicos que faciliten el acceso de las mujeres a tecnologías agrícolas, promover su participación en procesos de capacitación técnica y fomentar su liderazgo en organizaciones productivas. No se trata únicamente de inclusión, sino de fortalecer la resiliencia del sistema agrícola a través de una mayor diversidad de actores y perspectivas.

Asimismo, se propone impulsar el desarrollo de soluciones tecnológicas que respondan a las necesidades reales de las mujeres rurales. Muchas innovaciones actuales no consideran las condiciones específicas de acceso, uso del tiempo o roles productivos de las mujeres, lo que limita su adopción. Incorporar esta perspectiva desde el diseño de las tecnologías es clave para garantizar su impacto.

Otro componente central es la adaptación al cambio climático. Iberoamérica enfrenta una creciente exposición a eventos climáticos extremos que afectan directamente la producción agrícola. En este sentido, planteamos fortalecer los sistemas de gestión del riesgo climático mediante el uso de información meteorológica, modelos predictivos y prácticas agronómicas adaptativas.

Esto incluye la diversificación de cultivos, el uso de variedades más resistentes, la implementación de sistemas de riego eficientes y la mejora de la gestión del suelo para aumentar su capacidad de retención de agua. La sostenibilidad, en este caso, se traduce en resiliencia: la capacidad de los sistemas agrícolas para resistir, adaptarse y recuperarse frente a condiciones adversas.

La propuesta también reconoce la necesidad de articular distintos modelos productivos. La agricultura altamente tecnificada y la agroecología no deben entenderse como enfoques opuestos, sino como sistemas complementarios que pueden coexistir y enriquecerse mutuamente. La clave está en integrar el conocimiento tradicional con la innovación tecnológica, generando soluciones híbridas adaptadas a cada contexto.

En términos de implementación, es fundamental fortalecer la articulación entre el sector público, el privado y la academia. La sostenibilidad agrícola no puede depender de esfuerzos aislados. Se requiere una visión compartida que permita coordinar inversiones, políticas y programas de innovación. Esto incluye facilitar el acceso a financiamiento para pequeños y medianos productores, así como incentivar la adopción de prácticas sostenibles mediante mecanismos de mercado y políticas públicas.

Finalmente, es importante subrayar la importancia de la formación como base de cualquier transformación. La agricultura del futuro demandará productores capaces de interpretar información, gestionar tecnologías y tomar decisiones estratégicas. Por ello, es necesario invertir en educación técnica y extensión agrícola con un enfoque moderno, práctico y orientado a resultados.

El futuro de la agricultura en Iberoamérica no está predeterminado. Dependerá de las decisiones que se tomen hoy. Apostar por la sostenibilidad implica ir más allá de la productividad inmediata y construir sistemas agrícolas que sean económicamente viables, ambientalmente responsables y socialmente inclusivos.

La región tiene el potencial de convertirse en un referente global en producción sostenible de alimentos. Sin embargo, esto solo será posible si se logra integrar tecnología, equidad de género y resiliencia en una estrategia coherente y de largo plazo. La transformación del agro no es opcional, sino que constituye la fortaleza para para la Seguridad Alimentaria, por lo tanto, es una necesidad urgente. Y, al mismo tiempo, una oportunidad estratégica que no debe desaprovecharse.

Karen González: Ingeniera industrial panameña, presidenta de Fundación GAIA Veraguas, organización ambientalista de Veraguas, Panamá, y de ANPPAC (Asociación Nacional de Productoras y Pioneras en Arroz Bajo en Carbono).

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