pensamiento iberoamericano

Revista de la Secretaría General Iberoamericana


Salud digital para Iberoamérica: tecnología que fortalece el tejido social

Gabriela Asturias

Co-fundadora y Presidenta de la Junta Directiva de FUNDEGUA

Una niña tiene fiebre alta en una casa de Quetzaltenango. La abuela, que ha visto cuatro generaciones de fiebres, decide qué hacer primero. La madre escribe a la vecina farmacéutica, que conoce a la familia desde hace veinte años. La auxiliar de enfermería del puesto de salud, que también atiende a los abuelos, llamará en la tarde para saber cómo siguió. Esa red de personas, conocimientos y confianzas mutuas es lo que llamamos tejido social y comunitario. Es la unidad real desde la cual se toman las decisiones de salud en gran parte de Iberoamérica y sostiene sistemas que en otras regiones se considerarían imposibles de operar con los presupuestos disponibles. 

El relato dominante sobre el futuro de la salud digital se construye en otra parte. Habla de modelos fundacionales en inglés, hospitales de tercer nivel asistidos por inteligencia artificial y aplicaciones que conectan al paciente urbano con su médico de cabecera. Es una narrativa pensada para sistemas organizados alrededor del especialista, del hospital y del paciente individual con acceso a internet de banda ancha. Iberoamérica funciona distinto: la decisión clínica más importante no se toma en un consultorio sino en una cocina, mediada por la red que acabamos de describir. 

El futuro de la salud iberoamericana no se decide en el hospital de tercer nivel ni en los modelos en inglés. Se decide en la primera línea del sistema y en los idiomas que se hablan en casa. 

Por eso, importar el modelo dominante de salud digital no es solo poco eficiente: es activamente erosivo. Cuando una plataforma desplaza al promotor en lugar de potenciarlo, cuando un asistente conversacional le habla a una adolescente en español académico en lugar de en su idioma, cuando un tablero nacional ignora los datos que ya generan las direcciones regionales, lo que se debilita no es solo la herramienta. Se debilita el tejido. 

La idea que propongo para el futuro de Iberoamérica es simple de describir y exigente de ejecutar: la región necesita una salud digital propia, diseñada para reforzar ese tejido en lugar de sustituirlo. Eso se traduce en tres movimientos que tienen que ocurrir al mismo tiempo. 

El primero es fortalecer a la primera línea con inteligencia artificial. La enfermera, la comadrona y el promotor de salud son la cara visible del sistema para amplios sectores de la población iberoamericana. Hoy llevan en su bolsillo el mismo dispositivo que millones de personas usan para todo: WhatsApp en un teléfono inteligente. Desde FUNDEGUA hemos desarrollado almaRED, un asistente conversacional basado en IA que acompaña al trabajador comunitario en consulta, en visita domiciliaria y en formación continua. Lo hace en español, integrado a las normas de atención del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, validado por el propio sistema público. La lógica no es reemplazar al trabajador, sino devolverle tiempo, criterio y respaldo. Esa lógica es replicable en cualquier país donde la primera línea está formada por personal técnico con poco apoyo especializado, que es la mayoría de la región. 

El segundo movimiento es construir infraestructura de datos para decidir en común. Cuando Guatemala enfrentó el brote de sarampión, lo que hizo posible una respuesta coordinada no fue una herramienta importada. Fue un tablero abierto, alimentado por las propias redes territoriales y leído en tiempo real por el ministerio, las direcciones regionales, la sociedad civil y la población general. Iberoamérica tiene la oportunidad de construir bienes públicos digitales regionales de este tipo: tableros sindrómicos compartidos, registros interoperables, modelos epidemiológicos calibrados con datos propios. No para concentrarlos en un servidor central, sino para que cada nivel del sistema (la promotora, el centro de salud, la dirección regional, el ministerio) decida con la mejor información disponible. 

El tercer movimiento es el más ambicioso y, posiblemente, el más iberoamericano: poner la información directamente en manos de las personas, en sus idiomas y en el dispositivo que ya tienen, para que la conversación que ya tienen con sus familias, sus comadronas y sus promotoras sea mejor. La apuesta de fondo del sistema ALMA es que una persona informada toma mejores decisiones para sí misma y para sus seres queridos. Pero esa apuesta no es sustituir al consejo de la abuela ni a la visita de la auxiliar de enfermería; es enriquecerlos. «He podido aclarar mis dudas sobre el sarampión y asegurarme de que mis hijas estén bien protegidas», nos escribió Marcela, de 39 años, desde Villa Nueva durante el brote. No es una madre que dejó de consultar a su red; es una madre que entró a esa consulta mejor informada. Cuando una embarazada reconoce las señales de alarma de la preeclampsia, esa información viaja con ella a la consulta y a la cocina. Estas herramientas ayudan a saber adónde ir y cuándo, recuerdan lo que toca hacer y permiten aprender en familia. La tecnología informa y conecta; el tejido decide. Iberoamérica es, además, una región multilingüe, con cientos de lenguas indígenas y poblaciones afrodescendientes con identidades propias. Diseñar tecnología que reconozca esa diversidad no es una concesión cultural; es una condición técnica para que funcione. 

Estos tres movimientos no van a venir solo de los grandes proveedores globales. No es su mercado ni es su lengua. Tampoco van a venir de los pilotos aislados que cada país financia por separado. Van a venir, si vienen, de una decisión política iberoamericana de tratar la salud digital como un bien público regional. La SEGIB, la Cumbre y los espacios de cooperación en salud son el lugar natural para esa decisión. El costo es modesto frente a la transición energética o la arquitectura financiera y los frutos se ven en la vida cotidiana de las familias. 

En 2018, la Cumbre de Antigua planteó una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible. Casi una década después, la agenda sigue vigente y la salud es uno de los terrenos donde mejor se prueba si esa promesa se cumple. Nuestra ventaja comparativa, paradójicamente, no son los hospitales de referencia ni los presupuestos. Es el tejido. Una salud digital propia es la que lo cuida. 

Gabriela Asturias: Doctora en medicina guatemalteca co-fundadora y Presidenta de la Junta Directiva de FUNDEGUA. Médica y residente de psiquiatría en la Universidad de Stanford. Premio Princesa de Girona 2025 en la categoría de Investigación.

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