pensamiento iberoamericano

Revista de la Secretaría General Iberoamericana


Repensar el futuro del emprendimiento juvenil en Iberoamérica

Yohania de Armas Gandaria

Directora General de Conecta Iberoamérica

En los últimos años, la región iberoamericana se ha caracterizado por experimentar una de las mayores tasas de actividad emprendedora (TEA) en la población menor de 34 años. Se configura así como un verdadero motor de empleabilidad y un mecanismo que está permitiendo a los jóvenes construir proyectos vitales alternativos al empleo por cuenta ajena, especialmente en un contexto marcado por factores como el desempleo juvenil, la alta informalidad laboral -que, en 2024, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó que en América Latina y el Caribe estaba en torno al 47,6%-y la incertidumbre en torno al futuro del trabajo.

A pesar de que, en el plano cuantitativo, resulta atractivo apreciar el crecimiento de la iniciativa emprendedora juvenil, la realidad es que no son pocos lo que hoy emprenden por necesidad versus por oportunidad, a lo que se suma la llamada brecha de supervivencia: negocios que no son capaces de sostenerse más allá de 3,5 años. O lo que es lo mismo: contamos con más emprendedores que logran poner en marcha sus ideas, pero pocos que logran convertirlas en empresas consolidadas.

Según el último Informe del Global Entrepreneurship Monitor (GEM)  2025/2026, este diferencial se debe a razones como la debilidad estructural del entorno o ecosistemas incompletos que no son capaces de acompañar la fase de crecimiento; las dificultades de financiación en fases tempranas (un desafío que sigue siendo crítico en la región); y el predominio del autoempleo como modelo dominante ante el de empresa innovadora, lo cual lastra la proyección a largo plazo y su propia sostenibilidad en el tiempo.

Por otro lado, y entre los aspectos más optimistas a destacar, vemos que existe un incremento muy llamativo de fundadores con motivación -y en muchos casos, experiencia- para desarrollar proyectos con alto nivel de innovación, Conocimiento aplicado y uso de nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial o el big data, con disposición además a generar impacto real en el ámbito social y medioambiental, así como a escalar de lo local a lo global. Esto, sin duda, representa una oportunidad clave para promover en los ecosistemas locales un cambio de paradigma que permita transitar de emprendimientos de baja escala a empresas basadas en conocimiento, tecnología e innovación.

Por lo que, a mi juicio, el futuro del emprendimiento juvenil en Iberoamérica no debería medirse solo por cuántos negocios se crean o por cuántos logran pasar el umbral de los temidos primeros tres años de existencia, sino también por cuántos de ellos se traducen en productividad, innovación y empleo de calidad.

Esta perspectiva cobra mucho sentido, sobre todo en una región como la latinoamericana, donde los principales desafíos estructurales siguen siendo la baja productividad y capacidad de crecimiento, la desigualdad y la débil gobernanza o baja capacidad del Estado, ante las cuales organizaciones como la CEPAL han planteado la necesidad de una transformación productiva que vaya más allá de las políticas industriales clásicas y en las que se incluyan dimensiones más amplias como la innovación, la digitalización, el capital humano o los clusters productivos, entre otros.

De tal suerte, y ante el predominio de un modelo de emprendimiento de subsistencia, autoempleo o de baja escala referido anteriormente, me gustaría plantear la idea de reforzar, además, la promoción de un modelo de emprendimiento juvenil de alto impacto, centrado en sectores estratégicos como la Inteligencia artificial y deeptech, los servicios basados en conocimiento (fintech, edtech, digital, etc), la economía verde y sostenibilidad, entre otros, que puedan contribuir activamente a esa transformación de la estructura productiva de la región. Y en los cuales, además, existen los suficientes casos de éxito y referencias que nos permiten proyectar el futuro del emprendimiento joven iberoamericano con optimismo.

Para ello y con vistas a ese futuro esperanzador, creo interesante explorar tres ideas o palancas (de las muchas opciones posibles), que pudieran facilitar el fortalecimiento de este modelo de emprendimiento de alto impacto, liderado especialmente por los jóvenes:

En primer lugar, activar a la Universidad, como un motor de emprendimiento tecnológico, impulsando un modelo en el que se pase de emprendedores de pitch a emprendedores tecnológicos, promoviendo la creación de empresas basadas en conocimiento, tecnología e innovación mediante spin-offs, transferencia tecnológica efectiva y conexión con el tejido productivo. Considero que la Universidad en este escenario puede ser un key player capaz de convertir el Conocimiento que se genera intramuros en soluciones aplicadas a sectores estratégicos.

En segundo lugar, escalar el emprendimiento a través de la innovación abierta, a partir de esquemas donde los jóvenes emprendedores se integren en retos reales de grandes empresas -y también de mipymes-, accediendo a mercado, financiación y capacidades mediante modelos tipo venture client, colaboración corporativa o pilotos. A nivel global, vemos que la innovación ha dejado de ser territorio exclusivo de grandes corporaciones, centros académicos o de instituciones de I+D+I, y que también desde los ecosistemas startups se están generando soluciones de alto valor agregado, con la agilidad y el dinamismo que una gran empresa, por ejemplo, le resultaría difícil asumir debido a su estructura, capacidad de adaptación o tipo de gobernanza.

Y por último, integrar a emprendedores en cadenas de valor estratégicas, mediante su incorporación como proveedores de innovación, servicios, tecnología en sectores como energía, agroindustria, logística o movilidad, contribuyendo de manera activa a su competitividad y productividad.

Todo lo anterior responde a la misma lectura estratégica: resolver el reto de no solo lograr que más jóvenes emprendan sino que lo hagan mejor, con conocimiento, acceso a redes, capital y sobre todo, conexión con los grandes desafíos productivos de Iberoamérica.

Yohania de Armas Gandaria: Emprendedora cubana, fundadora y socia directora de Conecta Iberoamérica, organización que conecta talento para transformar la región.

* Las opiniones expresadas en los artículos y videos de la revista Pensamiento Iberoamericano son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de la Secretaría General Iberoamericana.

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