pensamiento iberoamericano

Revista de la Secretaría General Iberoamericana


Hacer ciencia desde el contexto: el conocimiento local como motor del futuro sostenible iberoamericano

Yarivith González Peña

Doctora en química e investigadora

El futuro de la ciencia iberoamericana pasa, necesariamente, por una decisión estratégica: invertir de manera sostenida en capital humano y en conocimiento orientado a la sostenibilidad. No como un eslogan ni como una tendencia coyuntural, sino como una apuesta estructural para afrontar los desafíos socioambientales que ya definen el presente y el futuro de la región.

En un contexto marcado por la crisis climática, la presión sobre los ecosistemas, la transición energética y realidades sociales y territoriales diversas, la ciencia deja de ser un ejercicio aislado para convertirse en una herramienta de transformación con impacto directo sobre el desarrollo económico, social y ambiental. La sostenibilidad ya no representa únicamente un área de investigación; constituye un nuevo paradigma desde el cual pensar la producción de conocimiento, las políticas públicas y los modelos de desarrollo de Iberoamérica.

La región cuenta con un activo diferencial de enorme valor: una generación de científicos, investigadores y profesionales que ha crecido incorporando la sostenibilidad como parte natural de su manera de entender el mundo. Para esta generación, conceptos como economía circular, impacto ambiental, resiliencia o responsabilidad social no son elementos añadidos, sino puntos de partida. Potenciar ese talento implica garantizar una educación de calidad, fortalecer la movilidad científica y crear condiciones reales para que el conocimiento pueda traducirse en soluciones de impacto para la región.

Sin embargo, formar talento no es suficiente si no existen estructuras capaces de sostenerlo en el tiempo. Uno de los grandes desafíos de Iberoamérica continúa siendo la dificultad para ofrecer oportunidades estables de desarrollo científico y tecnológico dentro de la propia región. La falta de financiamiento sostenido, infraestructura, acceso a investigación aplicada y espacios de crecimiento profesional genera frecuentemente un cuello de botella para nuevas generaciones altamente capacitadas. La sostenibilidad científica de Iberoamérica no dependerá únicamente de su capacidad para formar talento, sino también de su capacidad para ofrecer condiciones que permitan su permanencia, desarrollo e impacto dentro de la propia región.

Invertir en ciencia implica también garantizar espacios donde el conocimiento pueda permanecer, crecer y transferirse localmente. Evitar que el talento formado en Iberoamérica encuentre sus únicas posibilidades de desarrollo fuera de ella requiere construir ecosistemas científicos más sólidos, conectados y sostenibles, donde investigar, innovar y transferir conocimiento sea también una posibilidad viable dentro de nuestros territorios. En este sentido, fortalecer redes de cooperación científica y movilidad del talento dentro del espacio iberoamericano será clave para evitar la fragmentación del conocimiento y potenciar capacidades comunes. La integración regional puede convertirse en una herramienta estratégica para compartir infraestructura, generar investigación colaborativa y acelerar soluciones adaptadas a los desafíos particulares de nuestros contextos.

La ciencia del futuro ya no se construye únicamente desde la acumulación de conocimiento, sino desde la capacidad de responder a problemas concretos y complejos. Esto exige avanzar hacia modelos más abiertos, interdisciplinarios y orientados a la aplicación y transferencia tecnológica. Los desafíos contemporáneos requieren una visión holística, donde los límites entre ciencia ambiental, ingeniería, economía circular, industria y sociedad se vuelven cada vez más permeables. En ese proceso, el territorio deja de ser un escenario pasivo para convertirse en parte activa de la investigación y de la construcción de soluciones.

El arraigo territorial del conocimiento constituye, precisamente, una de las mayores fortalezas que puede desarrollar Iberoamérica. El talento local, profundamente conectado con las dinámicas sociales, económicas y ambientales de su entorno, posee una capacidad única para diseñar respuestas pertinentes y viables. Hacer ciencia desde el contexto implica reconocer que los territorios no son únicamente espacios donde se aplican soluciones, sino lugares desde donde también se genera conocimiento. Tal vez uno de los grandes desafíos de Iberoamérica sea reconocer que parte de las soluciones científicas y tecnológicas que buscamos ya habitan, de distintas formas, en nuestros propios territorios. Pensar el futuro de la ciencia en la región implica también preguntarnos si estamos observando suficientemente nuestras capacidades, contextos y formas locales de generar conocimiento. Cuando la investigación se construye desde el contexto, aumenta no solo su impacto, sino también su legitimidad y sostenibilidad a largo plazo. Transformar el propio entorno deja entonces de ser únicamente una aspiración para convertirse también en una responsabilidad compartida.

Ejemplos como la gestión de residuos tecnológicos y baterías de ion litio evidencian claramente esta transformación. Estos desafíos no pueden abordarse exclusivamente desde una perspectiva técnica, sino integrando dimensiones vinculadas a la salud pública, la regulación, la capacidad institucional, la aceptación social y la circularidad de los recursos. La transferencia del conocimiento deja entonces de ser una etapa final del proceso científico para convertirse en un criterio presente desde el inicio mismo de la investigación.

En este escenario, la colaboración entre universidades, sector productivo y políticas públicas resulta indispensable. La articulación entre estos actores permite alinear prioridades, optimizar recursos y facilitar que las investigaciones puedan escalar y generar impacto real sobre la sociedad. Entender la ciencia como un servicio social implica reconocer que el conocimiento alcanza su mayor valor cuando logra traducirse en bienestar, sostenibilidad y transformación para las comunidades y territorios donde se desarrolla. Una ciencia conectada con la realidad productiva y con las necesidades colectivas fortalece su capacidad de contribuir al desarrollo sostenible de la región.

Iberoamérica posee la oportunidad de construir una visión científica propia, conectada con el contexto de sus territorios, sus desafíos y sus capacidades de innovación. El futuro de la ciencia en la región dependerá, en gran medida, de la capacidad de transformar conocimiento local en soluciones globales, de confiar en el talento de las nuevas generaciones y de consolidar políticas que permitan que ciencia, sostenibilidad y desarrollo avancen de manera conjunta.

Invertir en educación, investigación, financiamiento sostenible, cooperación regional y transferencia tecnológica no constituye únicamente una necesidad para la comunidad científica; representa una condición esencial para construir una región más resiliente, competitiva y preparada para el futuro. Porque construir el futuro científico de Iberoamérica implica reconocer que el conocimiento también es una forma de soberanía y que la sostenibilidad será, probablemente, el lenguaje común desde el cual la región piense su desarrollo en las próximas décadas.

Yarivith González Peña : Doctora venezolana en Química e investigadora postdoctoral en la Universidad Tecnológica de Chalmers Suecia. Facilitadora regional del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y Premio Princesa de Girona Internacional de Investigación 2024.

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