Desde el cambio de milenio se ha producido una aceleración creciente de la adopción de tecnologías de la información y comunicación (TIC), sobre todo, Internet, en todos los órdenes de actividad humana, incluyendo gobiernos y administraciones públicas (lo que se ha venido a llamar gobierno electrónico o GE a partir de ahora).
De hecho, se han sucedido varias olas de innovación tecnológica en lo público que, en cierta medida, han coincidido con el inicio de las tres décadas del siglo (2000, 2010 y 2020), con diferentes características y resultados. Aquí se sostiene que el futuro del GE emerge como una nueva fase asociada a la Inteligencia Artificial (IA), lo que podríamos llamar Gobernanza Pública Algorítmica (GPA).
Esta etapa debería acompañarse de innovaciones en lo público y compromisos reales por situar a la ciudadanía en el centro, con una clara intención de lograr la emancipación del ser humano. Sin embargo, otros escenarios distópicos son también posibles, por ejemplo, imágenes de grandes polos globales en torno a un creciente feudalismo tecnológico, regímenes políticos autoritarios caracterizados por leviatanes digitales o sistemas económicos basados en la atención y la vigilancia masiva del ser humano como fuente básica de producción de valor. Dependiendo de las decisiones que adopten gobiernos y administraciones públicas en los próximos tiempos, unos escenarios tendrán más oportunidades de cristalización que otros.
La evolución del GE en este siglo se ha caracterizado por tres momentos distintivos. Una primera etapa (2000-2009) en la que gobiernos y administraciones públicas incorporaron masivamente sistemas tecnológicos basados en la web, así como herramientas centradas en la digitalización de procesos administrativos, con un nivel bajo de integración y unos impactos sociales emergentes.
Una segunda etapa (2010-2019) en la que, junto a lo anterior, también se adoptaron tecnologías sociales (redes sociales digitales) que contribuyeron a dinámicas de apertura, participación y colaboración con la ciudadanía, a la vez que aumentó la integración horizontal y vertical del sector público, provocando cambios institucionales de mayor calado.
Una tercera fase se abre más recientemente (2020- ) con la incorporación de diferentes sistemas algorítmicos, a partir del desarrollo de la robótica y la socialización de la IA generativa. Esta última etapa del GE ha abierto nuevos debates éticos y sobre la existencia de un nuevo modelo de gobernanza de lo público denominado GPA, que tendría unas características diferenciales respecto a las etapas anteriores, con un potencial de transformación más profunda de nuestras sociedades.
La GPA implica una nueva etapa en la digitalización de lo público que cuenta con una serie de rasgos, a pesar de todo, todavía incipientes. A modo de ejemplo, se trata de un modelo fundamentado en interacciones dentro y en torno a lo público cada vez más mediadas por algoritmos, la generalización de la ciencia de datos para realizar predicciones, adoptar decisiones o poner en marcha acciones por parte de gobiernos y administraciones públicas, la proliferación de agentes robóticos o la aparición de nuevas formas organizativas basadas en la algoritmización del sector público, entre otras temáticas críticas. Junto a lo anterior, se puede sugerir que tales dinámicas se encuentran estrechamente relacionadas con otros fenómenos de naturaleza política, económica, social, legal, etc., que deben ser orientados en cada país, pero también a nivel global con una dimensión ética determinada. ¿Serán los resultados similares en todos los contextos? Ya se ha mencionado que el futuro de estas dinámicas puede llegar a ser muy diferente según sean las prioridades y propuestas.
Frente a los dos grandes polos (China y Estados Unidos de América), en el contexto europeo, pero también en el ámbito iberoamericano, se debería ofrecer una visión alternativa de la GPA, así como de la IA en general, que ponga el acento en la innovación de lo público y la ciudadanía como foco y agente activo de cambios, desde una profunda dimensión ética centrada en los seres humanos. Los siguientes momentos de la GPA, a medida que vayan desarrollándose la IA agentica, las neuro-tecnologías o la computación cuántica, debería volver a plantear algunas preguntas clave sobre el futuro de nuestra especie.
¿Qué queremos ser y cómo queremos vivir? ¿Cuáles queremos que sean nuestras relaciones con el resto de seres humanos, especies y el planeta? ¿Quiénes deben gobernar y cómo deberíamos ser gobernados? ¿O qué podemos y deseamos alcanzar mediante nuestras comunidades políticas? Se trata de preguntas de fondo cuya respuesta no puede quedar en manos del solucionismo tecnológico, pero tampoco de visiones que nieguen el progreso tecnológico y económico de nuestras sociedades.
En cualquiera de los escenarios futuros, desde gobiernos y administraciones públicas se seguirá haciendo frente a la necesidad de anticipar desafíos, garantizar derechos y libertades, compartir y controlar riesgos inesperados, así como suscitar innovaciones y nuevas invenciones. También se requerirá que la GPA sea un modelo de gobernanza de lo público que aspire al bien común y a remover las barreras que ahora impiden un mejor gobierno para acometer las necesidades ciudadanas. De nuestra capacidad para insertar valores socialmente compartidos y poner al ser humano por encima de las tecnologías en los procesos de innovación, probablemente, depende que los próximos tiempos descarten futuros distópicos y se adentren en un camino real de emancipación del ser humano a través de la construcción de sociedades más libres y justas.






