pensamiento iberoamericano

Revista de la Secretaría General Iberoamericana


El andamiaje invisible: la gobernanza de datos como la nueva base de la integración iberoamericana

Lorrayne Porciuncula

Directora Ejecutiva de Datasphere Initiative

La verdadera integración regional ya no se define en tratados comerciales tradicionales, sino en la urgencia de crear laboratorios vivos para experimentar con los flujos de la Datósfera.

Durante décadas, el sueño de la integración iberoamericana se ha construido sobre realidades tangibles. Hemos medido la cooperación regional en kilómetros de carreteras pavimentadas, la interconexión de redes eléctricas, la alineación de rutas comerciales marítimas y la firma de acuerdos arancelarios tradicionales. Estos vínculos físicos constituían el andamiaje visible de la unidad regional.

Hoy, sin embargo, la infraestructura más crítica que moldea el futuro de Iberoamérica es completamente invisible. Se trata de la Datósfera: ese ecosistema complejo e interconectado de flujos de datos, actores y códigos (técnicos y normativos) que, de manera silenciosa pero determinante, sostiene el comercio moderno, la administración pública, el desarrollo de la inteligencia artificial, la resiliencia climática y los servicios sociales ciudadanos.

Sin embargo, con la mirada puesta en Madrid para la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno, persiste un profundo desajuste estructural. Mientras los datos se han convertido en infraestructura clave de nuestras economías y sociedades, nuestros marcos de integración regional siguen anclados en un mundo analógico y lineal.

Sí Iberoamérica aspira a consolidar su soberanía digital y fomentar un desarrollo sostenible, debemos dejar de tratar la gobernanza de datos como un asunto técnico secundario y empezar a entenderla como la infraestructura fundacional de la integración regional del siglo XXI.

El nivel ausente de la cooperación regional

En los foros diplomáticos y económicos de alto nivel, la gobernanza digital suele abordarse como un tema periférico, un nicho especializado que se delega a ministerios de tecnología o telecomunicaciones. Eso representa una falla de visión estratégica regional. En un contexto donde los sistemas digitales dictan cómo una empresa en Brasil exporta a España, cómo un hospital en Uruguay accede al historial clínico de un paciente en Argentina, o cómo Colombia y Venezuela monitorean flujos migratorios, la gobernanza de datos es la integración regional del siglo XXI.

Actualmente, Iberoamérica sufre las consecuencias de un panorama digital fragmentado. Las regulaciones nacionales de datos, aunque bienintencionadas, actúan con frecuencia como fronteras digitales. La divergencia en los estándares de cumplimiento, el desajuste en las normativas de privacidad y los rígidos silos legales nacionales generan fricciones que bloquean los flujos transfronterizos de datos necesarios para resolver problemas transnacionales complejos. Al no construir un enfoque coordinado, estamos levantando involuntariamente muros digitales.

De una gobernanza defensiva a una constructiva

Para desbloquear el verdadero potencial de nuestra región, se requiere un cambio fundamental de mentalidad. Durante demasiado tiempo, la gobernanza de datos se ha planteado de forma defensiva, centrándose en la protección de datos, el cumplimiento normativo de la privacidad y las restricciones de localización. Aunque la protección de la privacidad de los ciudadanos es innegociable, un enfoque puramente defensivo limita drásticamente nuestros horizontes.

Debemos transitar hacia un marco de gobernanza de datos constructivo y propositivo. Esto implica ver los datos como un bien público compartido y un catalizador económico. En lugar de preguntarnos únicamente cómo podemos bloquear y proteger los datos, debemos plantearnos: ¿Cómo podemos compartir datos de manera responsable y segura a través de las fronteras para generar valor público y económico?

Un espacio común de datos iberoamericano permitiría a la región unificar sus activos digitales para entrenar modelos de inteligencia artificial locales, optimizar las cadenas de suministro regionales y diseñar servicios públicos colaborativos. Sin esta capa compartida de gobernanza, la región corre el riesgo de seguir siendo una consumidora pasiva de tecnologías digitales extranjeras, en lugar de convertirse en creadora de su propio destino tecnológico.

Aprovechar los activos regionales existentes

Este cambio de rumbo no exige que se empiece de cero. La región ya cuenta con activos digitales de primer nivel y una notable capacidad institucional.

  • Las plataformas gov.br y el Pix en Brasil han demostrado cómo las infraestructuras públicas digitales y la interoperabilidad de datos pueden acelerar radicalmente la eficiencia de la economía y del Estado, así como la inclusión digital y financiera.
  • La región también ha sido pionera en el desarrollo de marcos normativos para la transformación digital del Estado y uso de datos de manera responsable. Experiencias como las impulsadas en Uruguay demuestran cómo una visión estratégica de largo plazo puede consolidar ecosistemas digitales interoperables, servicios públicos centrados en las personas y capacidades institucionales para la gobernanza de datos.
  • América Latina posee una sólida trayectoria en cooperación digital. La Agenda Digital para América Latina y el Caribe (eLAC), por ejemplo, con más de dos décadas de historia, ha demostrado ser una plataforma indispensable para la convergencia política y técnica, ofreciendo mecanismos para coordinar posiciones, desarrollar estándares comunes y promover iniciativas conjuntas en materia de datos, infraestructura pública digital e inteligencia artificial.

La capacidad técnica existe; el eslabón perdido es un marco institucional transfronterizo que conecte estas islas digitales.

Más allá de la armonización lenta: un foro transfronterizo para la experimentación responsable 

El camino tradicional hacia la integración regional depende de la armonización legislativa formal, un proceso de alineación de leyes nacionales mediante tratados internacionales que puede tardar décadas en negociarse y ratificarse. En la era digital, donde tecnologías como la inteligencia artificial evolucionan de manera exponencial en cuestión de meses, esperar una armonía regulatoria perfecta es una receta para la obsolescencia permanente.

En lugar de esperar una uniformidad jurídica vertical, Iberoamérica necesita mecanismos de gobernanza iterativos, ágiles y colaborativos. Para lograrlo, los sandboxes emergen como una herramienta indispensable.

A partir de la definición que introdujimos en nuestro reporte Sandboxes for Data (2022), y que actualizamos recientemente en Sandboxes for Digital Public Infrastructure (2026), conceptualizamos un sandbox como «un entorno de aprendizaje controlado, diseñado para la experimentación estructurada bajo marcos de gobernanza, plazos y salvaguardias integradas específicas, con el fin de respaldar la colaboración iterativa entre múltiples actores y la toma de decisiones basada en evidencia.»

Como propuesta para el futuro de la región, planteamos la creación de un Foro Regional de Sandboxes para Iberoamérica.

A diferencia de un sandbox convencional, limitado a un solo país o empresa, este Foro funcionaría como un laboratorio regulatorio e institucional transfronterizo. Ofrecería un entorno seguro y colaborativo donde las autoridades de protección de datos, los ministerios digitales, los innovadores privados de múltiples países y la sociedad civil puedan reunirse para probar de forma práctica protocolos de intercambio de datos en casos de uso reales y específicos.

Pensemos en un sandbox transfronterizo diseñado para testear el intercambio seguro de historiales médicos digitales entre países vecinos, o un entorno compartido para probar la interoperabilidad de datos en la logística aduanera regional. Al «aprender haciendo», los reguladores pueden generar confianza institucional mutua, identificar puntos de fricción normativa en tiempo real y co-crear acuerdos de intercambio de datos ágiles y basados en la evidencia.

Moldear nuestro futuro digital bajo nuestros propios términos

La próxima XXX Cumbre Iberoamericana ofrece una ventana de oportunidad histórica. Mientras los mandatarios se reúnen para reafirmar el proyecto iberoamericano, la región debe mirar hacia el futuro, no hacia el pasado.

La verdadera autonomía regional en el siglo XXI exige que gobernemos nuestros espacios digitales de manera colectiva. Si no diseñamos nuestra propia infraestructura de gobernanza de datos, esta será diseñada para nosotros por actores globales externos cuyas prioridades y valores pueden no coincidir con los nuestros.

Al establecer un Foro Regional de Sandboxes y elevar la gobernanza de datos al centro de la agenda de integración, Iberoamérica puede superar la fragmentación nacional. Es momento de construir el andamiaje invisible de nuestra unión, asegurando que el futuro digital de Iberoamérica sea próspero, inclusivo y diseñado firmemente bajo nuestros propios términos.

Lorrayne Porciuncula: Economista brasileña Directora Ejecutiva de Datasphere Initiative, un think-and-do tank global que impulsa enfoques innovadores para la gobernanza de datos, promoviendo la colaboración entre gobiernos, sociedad civil, academia y sector privado.

* Las opiniones expresadas en los artículos y videos de la revista Pensamiento Iberoamericano son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de la Secretaría General Iberoamericana.

La publicación de Pensamiento Iberoamericano por parte de la SEGIB responde a su vocación de servicio a la comunidad iberoamericana, contribuyendo a la difusión de los principales debates intelectuales del momento. La revista está pues abierta a opiniones diversas, sin exclusiones, fruto a su vez de la pluralidad y diversidad de visiones en el ámbito iberoamericano.

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