pensamiento iberoamericano

Revista de la Secretaría General Iberoamericana


Bioeconomía: soluciones a la altura de los problemas

María Emilia Correa

Cofundadora de Sistema B

Durante demasiado tiempo la conversación sobre una economía que valore la naturaleza y no dependa de combustibles fósiles ha sonado a buenas intenciones sin anclaje en la realidad. Los ejemplos prometedores son pilotos difícilmente escalables. Los desafíos, el cambio climático, el colapso de la biodiversidad, por el contrario, son globales y urgentes. La brecha entre unos y otros parecía insalvable.

Ya no.

En abril de 2026, más de 50 países se reunieron en Santa Marta, Colombia, para discutir el fin de los combustibles fósiles. Lo hicieron fuera del sistema ONU, porque el sistema actual no está diseñado para resolver el problema: dentro de él se bloquea cualquier avance desde hace décadas. Ese mismo mes, actores del sector financiero demostraron que la economía de la regeneración no es una promesa: es un modelo de negocio que ya opera a escala y genera retornos financieros. La regeneración dejó de ser una causa. Es infraestructura económica.

El dinero habla

En abril de 2026, BTG Pactual cubrió el mayor fondo privado de regeneración con 1.240 millones de dólares para conservar, restaurar y reforestar casi 300.000 hectáreas de paisajes degradados en América Latina. Detrás del capital están cuatro bancos de desarrollo y el New Zealand Superannuation Fund —uno de los fondos de pensiones más conservadores y rigurosos del mundo, administrador del retiro de los ciudadanos neozelandeses. Cuando ese fondo elige poner su dinero en la restauración de bosques latinoamericanos, la señal es inequívoca: la regeneración es un negocio del siglo XXI, no una causa benéfica.

Los resultados ya están sobre el terreno: 29 millones de árboles plantados, 22.000 hectáreas bajo conservación activa, y 20.000 hectáreas en restauración de vegetación nativa.

En el mismo mes, mercados de renta fija globales, los más conservadores del sistema financiero, pusieron precio a la Naturaleza como activo. El Banco do Brasil emitió en mercados internacionales un Nature Bond por 500 millones de dólares con una demanda total de 2.500 millones, cinco veces el monto emitido. Los recursos están destinados íntegramente a la restauración de tierras degradadas y la recuperación productiva de ecosistemas. Con esta operación, Banco do Brasil amplía su cartera de instrumentos financieros alineados con los compromisos climáticos y socioambientales, reforzando la integración entre financiación responsable, generación de impacto positivo y creación de valor a largo plazo.

Estos dos instrumentos —un fondo de private equity y un bono de deuda pública— no son experimentos. Son arquitectura financiera nueva, replicable, con demanda institucional demostrada. Juntos movilizaron miles de millones de dólares hacia la regeneración de ecosistemas.

La industria ya lo demostró

Cuando la bioeconomía era un concepto académico, Natura Cosméticos hizo algo que el mercado global tardó en entender: demostrar que la biodiversidad amazónica vale más en pie que derribada. Hoy reporta haber conservado más de 2 millones de hectáreas de selva e integrado a más de 10.000 familias amazónicas en su cadena de valor. Ha incorporado 46 bioactivos de la selva en sus productos. Cada frasco vendido en cualquier ciudad del mundo financia comunidades, conserva bosques y fortalece economías rurales.

Natura construyó desde la selva hacia afuera en colaboración con las comunidades locales. Hasta el año 2050 quiere profundizar esa lógica: cadenas de valor libres de combustibles fósiles, fórmulas biodegradables, trazabilidad total de ingredientes y una integración creciente de ingredientes de la diversidad amazónica. Una empresa que abrió al mundo un mercado que antes era invisible.

Hoy ese mercado es el futuro de la industria cosmética global.

Juan Valdez es otro ejemplo. La marca comercializa el café y pertenece a los caficultores colombianos. Más de 540.000 familias de pequeños productores que eligen democráticamente a sus representantes y son dueños del negocio que lleva su trabajo al mundo. Presente en 30 países, compite con las grandes cadenas globales y devuelve el valor a quien cultiva el grano.

Natura opera desde el ingrediente hacia el mercado. Juan Valdez opera desde el productor hacia la marca. Sus virtudes de origen, trazabilidad y propósito son ventajas competitivas reales. El campesino como dueño de la marca global. La cadena de valor redistribuida de forma más justa y rentable. Un modelo que lleva décadas funcionando y que el mundo recién empieza a comprender.

Lo que Santa Marta confirma

La reunión de Santa Marta, Colombia sucedió en medio de la crisis energética derivada de la guerra en Oriente Medio que llevó a EEUU, China, e India —el 40% de las emisiones globales— a aumentar su uso de combustibles fósiles.

Los mayores emisores brillaron por su ausencia. La diplomacia climática lleva 30 años atrapada en un nudo. Santa Marta fue un intento de cortarlo, reuniendo una coalición de países dispuestos a avanzar fuera del sistema ONU. El resultado: sin compromisos vinculantes, con los grandes emisores ausentes, y con la promesa de una segunda reunión en Tuvalu en 2027.

Los modelos económicos no esperaron a que la diplomacia resolviera lo que lleva tres décadas sin resolver. La diplomacia multilateral sigue siendo necesaria. Las acciones del sector privado no son perfectas. Pero BTG, Banco do Brasil, Natura y Juan Valdez construyeron.

La propuesta para Madrid

Los ejemplos citados comparten una lógica: convierten la naturaleza, la biodiversidad y el conocimiento de las comunidades en el centro del modelo económico, no en su periferia. Son rentables, medibles y replicables. Existen hoy. Operan hoy. Generan empleos, conservan ecosistemas y crean valor hoy.

La propuesta para la XXX Cumbre de Madrid es concreta: identificar, articular y escalar los modelos que ya funcionan en Iberoamérica. Conectarlos con financiamiento de escala. Construir los estándares compartidos que permitan que lo que nació en Brasil, Colombia, o la Amazonía, crezca en toda la región y se proyecte al mundo. Elevar lo que hoy son modelos de negocio a política pública regional.

Iberoamérica tiene los ecosistemas, la biodiversidad, las comunidades y los modelos empresariales para liderar la era de la regeneración. Sus territorios, empresas y comunidades ya están demostrando que es posible. El futuro ya llegó. La Cumbre de Madrid marca el momento de actuar.

María Emilia Correa: Abogada y socióloga colombiana cofundadora de Sistema B, ecosistema de empresas y actores económicos en la región que equilibra el propósito social y ambiental con el beneficio económico. Es Profesora Distinguida de la Universidad de los Andes, Colombia.

* Las opiniones expresadas en los artículos y videos de la revista Pensamiento Iberoamericano son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de la Secretaría General Iberoamericana.

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